“Si lo tenes, lo tenes que dar”

Hace un tiempo te presentamos una nota sobre la Agrupación Victoria
Popular en Mendoza y ahí Pablo Ferrari nos contaba sobre las
actividades que llevan adelante en los barrios para poder aportar en
el goce de los derechos. Uno de ellos fue el comedor  “Volver a
empezar” impulsado por Tita en el Barrio Los Cerrillos de Godoy Cruz.
Allá fuimos a poner la cámara y el grabador,  para  poder contar y
difundir su tarea y los valores humanos que la sostienen.

Nos acercamos hasta la casa de Tita un sábado al mediodía, todavía se
presentía la adrenalina de los últimos vecinos que habían buscado sus
tapers con el almuerzo. Este es un “comedor” atípico porque las
personas se llevan la comida a su casa para no romper ese verdadero
nudo del tejido social que es la mesa familiar.  Dice Tita:

“Yo me llamo Ángela Margarita Domínguez, me dicen “Tita” y la idea del
comedor me surgió una noche que no podía dormir porque  uno de los
chicos del jardín maternal “Puentecitos” donde yo trabajaba, había
venido para mi cumple y me había preguntado que cuándo iba a cocinar
porque él quería que yo le cocinara. Lo hablé con mi familia y me
apoyó, lo hablé con un compañero de la política y me dijo hagámoslo;
comenzamos con 30 chicos el comedor el  17 de junio de este año 2017,
los chicos se fueron incrementando y en este momento son 107 niños.

¿Cómo hago? Pido donaciones, golpeo puertas;  algunas se abren  y
otras se cierran pero gracias a Dios preparando simples comidas cada
sábado y cada domingo: ya sea una milanesa o un arroz o una sopa los
chicos tienen su pan, su fruta y su comida.  Acá vienen niños
discapacitados, mamás solas con 11 o 7 niños, chicos bajos de peso;
mamás embarazadas que le doy la comida. Cuando llegan donaciones de
leche o mercadería, yo le doy una vez al mes un bolsón de mercadería y
dos veces al mes le damos a las madres leche para que tengan para sus
niños porque yo sé que la situación está muy mala, yo no recibo pago
ni  nada, ni mi nuera ni  mi hija que son las que me ayudan acá. Soy
pensionada y cuando falta algo en el comedor yo lo compro de mi
bolsillo como los caldos, los condimentos, el pan;  lo que más nos
falta  es carne y pollo.  A mis chicos cuando vienen  les entrego la
vianda de 12 a 13 hs. ellos vienen se paran en la puerta y yo debo
darles comida porque yo me he comprometido, la satisfacción que tengo
en esto es que los chicos me dicen que estaba muy rica la comida y las
mamás me lo agradecen así les dé un par de leches nomás las mamis me
lo agradecen

.

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La casa de tita 

La charla sigue y comienza a ser rodeada por una realidad social que
cada día está más difícil para ellos;  el comedor no debiera existir
quizá, pero aquí no pueden ver a los pibes con hambre, esta es la
forma de entender la solidaridad para Tita y sus compañeros.

 

 

“Faltan muchas cosas, mirá con mi 57 años yo he criado a mis hijos
sola, tirando del carro y esto no pasaba, falta medicación y
contención, falta comida que es lo más bravo, médicos que se encarguen
de los niños psicológicamente para que no estén en las esquinas porque
mi objetivo es ese:  que los niños no estén en las esquinas. El sábado
me levanto a las seis y media para comenzar a trabajar para mis niños,
yo los conozco desde que la mamita los ha gestado y trato de hacer lo
mejor posible para ellos. Si yo tengo pienso que puedo darles  o puedo
dárselos porque les hace falta. Esta semana al mediodía me enteré que
unos de los  niños no había desayunado y  llamé a su mamá y le di para
que le diera desayuno a los niños; no es mi deber pero es mi corazón
que me dice “si lo tenés Tita, lo tenés que donar”.

A las personas que tienen dinero yo le digo que no hagan oído sordos
que no miren para otro lado porque tengas o no tengas todos vamos a
parar al mismo lugar, bajo tierra y no nos llevamos nada, yo no tengo
nada, pero lo poco que me donan y/o conseguimos con los compañeros de
Victoria Popular  lo doy, porque yo sé que Dios me va abrir las
puertas del cielo.

Estoy dolida por lo que pasa en Mendoza en este momento,  me duele el
alma que los niños no tengan para comer,  que  vayan al hospital y no
tengan remedios, que  haya gente que tengan solo lucro para ellos. Yo
trabajo para la comunidad, desde pedir un tanque de agua para la villa
hasta hacer la comida; yo viví 35 años  en la villa sin agua ni luz,
cuando venía la creciente de la lluvia quedábamos incomunicados, no
quiero que los niños vivan eso.

Voy hasta donde puedo, las mujeres  están más en la casa, ven más las
necesidades y tienen la obligación de salir a trabajar para sus hijos,
hay que luchar, yo luché sola con ocho hijos y  a mi nuera y a mi hija
les dejo el legado que se sepan valer por ellas mismas y si yo falto
que el comedor siga funcionando.  Espero que se arregle el país, que
esto no siga más así, que no haya que abrir más comedores ni
merenderos y  que la gente no tenga que venir a buscar un plato de
comida. Termino cansada pero gracias a mis compañeros de grupo  hoy
estos chicos han comido, han tenido comida.”

Tita se emociona, cada vez que habla de dar, de los niños y las
mamitas se estruja su voz, se humedecen sus ojos y aprieta sus manos,
quizás probándolas una vez más; que funcionen una vez más, para amasar
y cocinar la victoria una vez más, la victoria de las manos sobre la
desigualdad.

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La cocina