Entrevista a Guadalupe Amadeo Calviño

“Nació en Buenos Aires en 1975, un mes antes de lo esperado, una tarde de domingo. Fue una niña reservada y se interesó en escuchar, dibujar, en acariciar gatos y en el chocolate. Precisamente, muchos domingos, en la sobremesa, su madre leía en voz alta párrafos de libros que le parecían bellos o decía poemas. Años después, se recibió en la UBA de Licenciada en Psicología. Tuvo un montón de trabajos y ocupaciones diferentes. Viajó poco pero se mudó 18 veces, incluidas tres mudanzas de ciudad. Ganó un subsidio del Fondo Metropolitano de las Artes y las Ciencias para la publicación de una plaquette de poesía: “Cortar/pegar”, que hoy le parece abominable y además, es probable que lo sea. Es madre de una niña y de un niño muy deseados, que son tan preciosos de todas las formas posibles, que aún no lo puede creer. Ahora vive en la provincia de Mendoza donde persiste en escribir y en escuchar a las personas, como una de las formas de lectura y escritura.”

PB: ¿Desde cuándo,  cómo y  porque empezaste a escribir?

Empecé de niña. Mi hermana, casi diez años mayor, escribía y era una pequeña celebridad dentro del ámbito familiar, lo que era recibido como un don y como algo peligroso a la vez, en medio del clima de censura que aún imperaba a finales de la dictadura/ inicio de la democracia. Tengo el recuerdo de ella dándome consignas para escribir. Yo lo hacía casi como un secreto, había algo clandestino en eso, descubrí que escribir era un instrumento para operar sobre la realidad, para alterarla, un poder. Esquivo, pero potente cuando se daba esa especie de milagro. Era un secreto también porque había ahí un goce entre cuerpo y palabra.

PB: ¿Qué motivaciones o deseos nuevos se han agregado con el tiempo a esa voluntad y acto de escribir?

Hacerlo mejor, formalizarlo, dominarlo como oficio.

PB: ¿Cómo conviven las vivencias personales, emocionales tuyas con la producción de textos, como nos contarías esa relación?

Encuentro que es más estrecha la conexión con lo emocional/sensorial cuando escribo poesía. La llamada inspiración es una sensación muy física, un incremento de la tensión como la excitación sexual. En cambio, puedo escribir narrativa sin necesidad de sentirme inspirada. Las vivencias personales suelen ser detonadores o puntos de partida.

PB: Tu estilo nos lleva al realismo sucio y esa atmósfera de fracaso y belleza que envuelve las pequeñas historias, encontrás  ahí un mundo cómodo para tus cuentos?

Lo primero que escribí, a los 8 años, fue un microrrelato sobre un nene que vendía estampitas en un café. Un cliché insoportable, pero al leerlo años después le encontré el mérito de no haber moralizado la situación, más allá de lo doloroso del tema. O sea, fui una realista sucia antes de haberlos leído. Luego, sí, tengo el tono, la respiración corta y la vocación de encontrar el claro de una ficción posible, de una poética en lo cercano, en aquello que conozco: las pequeñas miserias, deseos y pasiones en las que nos consumimos. Hay en lo que escribo una reivindicación de los beautiful losers, su poética, supongo que es un gesto de amor a mi padre, muerto ya hace muchos años. Como dijo Tom Waits: “me gustan las melodías hermosas que me dicen cosas terribles”, en ese juego entre lo real y el velo, ahí es donde encuentro un poco de belleza y de verdad.

PB: Es  tu infancia-juventud esa patria adorada por los y las escritoras muchas veces?

Es para mí  fuente de historias. A medida que pude tomar distancia y dejar caer algunos sentidos muy densos me permitió ir a buscar ahí, revisar ciertos relatos y con suerte, ser un poco más libre para jugar con eso.

PB: Hay una guerra política  de sentidos en la sociedad hiperculturalizada, estas adentro?  Tomás partido? En definitiva el arte es político para vos?

Sí, lo es y mis experiencias de lectura están atravesadas por una mirada política. Por eso más que consentir a la idea de la hiperculturalidad como consecuencia de la globalización y de las nuevas tecnologías, prefiero todavía la potencia del viejo concepto de colonización cultural o de aculturación,  pero tal vez esté siendo romántica al respecto. El uso del lenguaje es político y escribir, en tanto es un modo de crearse como voz, como autor, es en sí un acto tan íntimo como político.

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PB: Escribirías dos cartas? : una a Guadalupe conociendo el mundo desde la niña que crecía; y otra a la misma persona dentro de tres décadas , que dirían?

No, por lo siguiente: la primera carta sería sentimental y estaría llena de consejos, de advertencias y de frases motivacionales, todas igualmente inútiles; la segunda, se reduciría a un: “ese fue un buen viaje… ojalá esté bueno el que inicia”.

Aqui tienes algunos de sus cuentos

 

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