Entre el tambaleo y el laberinto

Pareciera ser que el ciclo de la representación política ha vuelto a dar un nuevo giro en la Argentina. Cíclicamente nos encontramos frente a una realidad que contiene una relación difícil, tensa y enredada entre una sociedad multiforme pero con uniformes anhelos de vivir mejor y una errática  clase dirigente,  dispuesta a conducir y a  articular casi siempre los intereses de un reducido grupo de argentinos, con el mediocre objetivo de mantener sus fastuosos espacios de vida y acumulación compulsiva.

Mientras, y a consecuencia de la búsqueda de un modelo de país  donde sobran 20.000.000 de argentinos,  el gobierno nacional les inclina el piso cada vez más  a  la inmensa marea  de los sectores  populares y medios cayendo cada vez más en el hambre y la indigencia  por un lado y en la pauperización mensual en el otro.

El protagonismo de esta película actual  (que pareciéramos  haber visto) lo tiene  por supuesto el elenco gobernante; la novedad en estos días es la actualidad difícil e intrincada de una  oposición y potencial alternancia para representar mayorías, lugar que hoy ocupa el peronismo.  Esta realidad indica la imposibilidad actual de vertebrar un proyecto único y encarnado;  y por otro lado, quizá como una de las causas de esto,  un permanente acecho judicial y mediático sobre una supuesta estructura de corrupción que habría actuado a los largo de los últimos 12 años de gobierno peronista, montada desde la cúspide de poder.

En la periferia de esta disputa política de fondo, no solo se alternan el resto de las fuerzas políticas como el radicalismo, la centroizquierda partidaria y la izquierda tradicional;  sino que además ha surgido con claridad una acción política determinada y determinante a veces. Los movimientos sociales que portan causas, debates, movilizaciones y convocatorias que muchas veces envidiarían las fuerzas políticas con ambiciones de representación.

El costo de “una ilusión”

La elite económica y social argentina logro llegar a atender el estado por su propios dueños;  montado en una operación simbólica discursiva efectiva y de proporciones, y  con el viento de cola de un plan de influencia en Latinoamérica realizado por los intereses multinacionales comandados por los norteamericanos, que impulsaba el reemplazo de los gobiernos populares en la primera década del siglo XXI por gobiernos de la nueva derecha (ya no enfundada en uniformes militares sino en edulcoradas figuras políticas de actuación mediática).

Pasados casi tres años, con dos elecciones ganadas por este gobierno de los dueños de la Argentina, que prepararon  cuadros políticos de su propio riñón durante décadas en colegios y universidades privadas; podríamos aventurar  que consiguieron parte de sus objetivos: una transferencia fenomenal desde los ingresos de los trabajadores hacia los dueños de la tierra, los bienes y el capital; tratar de instalar un proyecto de andamiaje institucional que permita la prolongación al mediano plazo de estos objetivos; y una disminución significativa de la participación de los trabajadores en la distribución dela riqueza.

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Macri y el FMI

Sin embargo, este balance de sus propios intereses,  se ve amenazado  porque los métodos para lograrlo fueron la ruina de su proyecto de gobernabilidad y sostenimiento económico. La síntesis más clara llegó desde las propias entrañas del pensamiento económico neoliberal, lacónicamente deslizaron la palabra default y entonces quedo claro que más que una continuidad política esto se asemeja al titanic luego de embestir a su iceberg y llenándose de agua.

La caída de la actividad económica, el endeudamiento sideral, la desindustrialización y la repimarizacion extractivista, el crecimiento de la pobreza y la indigencia, el deterioro del salario, el aumento de la desocupación en el empleo formal , el aumento de la precarización del trabajo, el impacto a la baja en las jubilaciones. Todos estos resultados de la gestión del PRO y aliados, forman un escenario que se ve impactado cotidianamente en los ciudadanos y cuidadanas cada vez que pagan los alimentos más caros y desembolsan casi la totalidad de sus ingresos para costear los tarifazos impagables en servicios públicos y energía  que casi en modo zombie del gobierno,  las empresas aplican sistemáticamente.

La perspectiva son las dos D. Una es el default o paga dios de la deuda. Los vencimientos de deuda en dólares se acercan inexorablemente y las divisas (los dólares) no están  y no parece que podrían aparecer al mirar las cuentas de intercambio nacionales; por lo que los “mercados de capitales” apuntan y logran corridas cambiarias para encarecer el único activo que les apetece para fugar: las reservas en dólares  compuestas por los préstamos internacionales depositadas en el banco central. La otra D, la invisible de palabra pero no en los hechos, la pérdida de la soberanía económica , la dolarización, que crece como un fantasma depositado en los hechos cuando los agentes macro y microeconómicos se expresan en esa moneda para realizar sus operaciones, por más chicas que sean como la compra de una propiedad, un automóvil o un departamento.

En esta dinámica el gobierno decidió entregar el comando al FMI y ejecutar un ajuste histórico en lo económico;  y zigzaguear en lo político entre un pacto con los gobernadores peronistas o un aislamiento más pronunciado aún con consecuencias impredecibles.

Asediado por las encuestas y la caída de una popularidad en sus pisos históricos, de cara a las decisivas elecciones ejecutivas del  2019; el macrismo no se muestra con los reflejos necesarios para retomar el control político que le usurparon los poderes económicos y la colisión de clase parece inevitable, la clase media jugará siempre, en última instancia, donde este su bolsillo. Por ello recurre al (viejo ya y casi único) recurso de la sincronización casi perfecta de lo judicial, lo político y lo mediático y poner en primer plano la corrupción del gobierno anterior, que antaño le sirviera para mostrarse como el cambio ante un peronismo desgastado en el poder, y que hoy funciona para reemplazar sus propias responsabilidades y señalar afuera de sí a los causantes de la crisis económica y el malhumor de la sociedad consecuente.

El laberinto

Durante la democracia, desde 1983, no solo es cierto que el peronismo gobernó durante la mayor parte de los años  (en el formato que el lector prefiera); sino que en los periodos que no lo fue, apareció claramente como alternativa. A los gobiernos de De la Rua y Alfonsin, parecían sucederle casi naturalmente opciones peronistas. Esta es  la centralidad en la relación con el poder que este movimiento tiene. Pero hoy pareciera trabado este flujo “lógico” de la dinámica política argentina.

Desde el escenario político interno la carencia de liderazgos de unidad en el peronismo y la presencia de uno de ellos (CFK) que no logra unificar tras de si al movimiento; parecen continuar una saga de fragmentaciones que empezaron allá por 2010 con la definición electoral y el alejamiento de un referente sindical de peso como Hugo Moyano en 2012; siguiera con los alejamientos de algunos gobernadores y referentes importantes (caso Córdoba) y luego de la  seguidilla de derrotas iniciadas en 2013 frente a un propio desprendimiento como el massismo, y el  último capítulo fue el 2017 en medio de una dispersión evidente.

Pero si tras las legislativas de 2017 se empezaron a sentir los efectos sociales de lo que hoy casi es un catástrofe social y económica producto de los manejos erráticos  del macrismo …¿ Porque los protagonistas de un gobierno donde los indicadores sociales y económicos eran claramente mejores que los actuales, no logran situarse como la clara y lógica alternativa de gobierno?

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CFK

Pasa que desde mucho antes de la derrota de 2015 comenzaron a mostrarse en los medios de comunicación los indicios de que no todo eran políticas de ampliación de derechos, independencia económica, soberanía política y justicia social,  en la gestión de esta etapa conocido como kirchnerismo por la centralidad de Néstor Kirchner y CFK en el vértice del poder durante 12 años. Personajes oscuros en temas sensibles y de gran impacto en la agenda social como el transporte y la construcción de obra pública. Manejos de subsidios millonarios a la burguesía nacional a cargo de exfuncionarios macristas como el caso de Schiavi en transporte. Relatos de lavados financieros agigantados intencionalmente hasta el paroxismo por los medios hegemónicos de comunicación comandados por Clarín y La Nación. Secretos a voces en la política, que hasta tenían su propia justificación “es para la política” susurraban los  entendidos en la “mesa chica”.

Muy poco para determinar que CFK es culpable de los delitos que se le acusan, casi nada. Pero sin embargo también lo suficiente para alimentar una de las campañas mas prolongadas, financiadas y coordinadas desde los cenáculos del poder para convencer, sobre todo a los sectores medios, pero no exclusivamente ; de la idea de que  paralelamente a la gestión de gobierno que generaba un bienestar en los trabajadores, se montaba una estructura de corrupción gigantesca responsable de cualquier calamidad económica. Esta idea era utilizada para limar la representación política que durante años los trabajadores construyeron al calor del kirchnerismo, la continuidad histórica del movimiento nacional y popular, que, a consecuencia de sus desaguisados, otorgaba la excusa perfecta para allanar el regreso de la derecha.

Hoy, en el medio de un vendaval de nuevas (viejas denuncias) llevadas adelante con metodologías contrarias al estado de derechos por sectores del poder judicial que han atravesado la corrupción argentina en la mas absoluta impunidad, han quedado implicados los dueños de la “patria contratista”, o los que también podemos denominar como los socios, testaferros y seguramente aportantes de cada una de las campañas políticas de los últimos 35 años en la Argentina. Mostrando difusamente la trama de lo que nunca vemos, o mejor dicho solo vemos una parte cuando el poder quiere mostrarnos algo. Caerán algunos, pocos, pero será mucho después que se han encaramado en los negocios del poder nuevamente los dueños del poder, los viejos dueños de la patria.

El futuro

Así las cosas ambos espacios deberán tomar desiciones claves de cara al proceso eleccionario que se avecinan:

El macrismo difícilmente insista con la variable Macri porque el fracaso del bolsillo es inocultable, con la víscera más sensible nadie puede. Seguramente la variante “el cambio dentro del cambio” se irá construyendo silenciosamente hasta su aparición con Larreta, Vidal, Tinelli o el payaso plim plim, da lo mismo a veces. Están tan estereotipados y caseteados que las diferencias son solo cosméticos. Hasta un peronista perdonable o racional como llaman a los más cercanos al poder, puede aventurarse   en ser la variable de las elites para continuar el proyecto de la nueva oligarquía.

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Al peronismo se le presentan dos variables posibles. Insitir y confiar que la implosión económica que crece día a día produzca un efecto “perdón olvidadizo de pecados” y el pueblo en una mayoría ajustada acompañe en un nuevo proyecto a CFK, añorando la década del consumo que ahora se le niega.  Para ello se deberá transitar un camino filoso que a ambos costados ofrece peligros importantes, el estupernio de la cárcel o el rechazo mayoritario que impida un triunfo en ballotage. Pero que posee la ventaja de que tiene un objetivo claro, una conducción  definida y un liderazgo conocido y que no hay que probar con experimentos nuevos. La otra es su alternativa, su anverso, la concertación y el acuerdo de todos los sectores del peronismo en uno unánime o dos liderazgos, medidos y enfrentados en una interna. A esta última posibilidad la nutre la posibilidad de quitarle el discurso de la corrupción al macrismo y poder convocar fácilmente a todo el arco opositor en un discurso en un mismo sentido pero  con muchas y diversas tonalidades. Los riesgos son tener que “construir figuras” y/oarriesgarse a una interna fraticida que siga dividiendo aguas y pueda conducir a un escenario peor  de dispersión. Ambas cuentan con dos caudales construidos históricamente en torno a este movimiento: el haber sido protagonista y ejecutor de las dos transformaciones de movilidad social en la Argentina como el primer peronismo y el kirchnerismo; y la otra es la naturalidad con que puede representar a la sufriente mayoría de hoy: los trabajadores.

En la oscuridad, diría Scalabrini Ortiz, el pueblo es ese hombre que esta solo… y espera.

 

Rodrigo Aguilar

Sociologo-Palabras al Borde

 

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