El arte de desvincular hijos y padres, la otra violencia familiar.

A todos nos atraviesa una circunstancia que pone a prueba nuestras convicciones, a veces la realidad nos golpea como un viento frío de montaña y nos obliga a buscar abrigo y encender una fogata. A la luz del fuego de la fe en nosotros mismos llega la tibieza del día, el sol que ilumina y nos permite imaginarnos que hay un camino para echarnos a andar. Esta historia puede reflejar esas sombras que ese fuego dibuja de nosotros mismos en la oscuridad o ver en el cielo las formas que nos permiten la guía… una historia que nos llama a solidarizarnos con el amor y el compromiso.

“El Régimen de comunicación es un Derecho de los Hijos, un Derechoy Obligación del Progenitor no conviviente en la crianza de ellos y un Deber de cumplimiento por parte del Progenitor conviviente dentro de la variedad de responsabilidades que adquiere al hacerse cargo del hijo” 

http://www.saij.gob.ar/legislacion/ley-mendoza-7644-creacion_registro_obstaculizadores_lazos.htm%3bjsessionid=13qxappe5v0js1bwgdach0dd9o?0&bsrc=ci

José es Colombiano y las circunstancias de la vida lo llevó a conocer a una joven con quién tuvo un hijo que hoy tiene tres años, en los tribunales de Familia de Mendoza, con sus tiempos y mecánicas, se dirimen condiciones que no han permitido cambiar la decisión de la madre del niño de negarse a viabilizar la posibilidad de que José vea a su hijo en forma constante, una interrupción del vínculo parental, que obstaculiza las visitas con maniobras y artificios legales.

Hicimos una entrevista para conocer su historia y colaborar en encontrar caminos


P.- Estamos acá con José…

J.E.S.R.- Mi nombre es José Expedito Silva Rojas.

P.- Bueno José, cuéntenos, es usted de Colombia,  y no está aqui en Mendoza, Argentina de vacaciones o escapando de situaciones nacionales…

J.E.S.R.- En realidad soy Colombiano de dos lugares: uno que es de nacimiento y el otro que es de crianza y de corazón. El de nacimiento es Barranquilla, de un lugar que se llama Puerto Salgar y el de crecimiento se Santander en un lugar que se llama San Gil, este lugar es muy conocido en Colombia y Latinoamérica por los deportes de aventura, parapente, rafting, descensos por cuerdas…

P.- Y usted ¿trabajabó ahí?, ¿qué hacía?

J.E.S.R.- Eso es como herencia, en realidad. Yo regresé cuando tenía nueve años a Santander y ya en los paseos con algunos amigos, de escondillas, corriamos una “chiva” que así se llamaba el transporte para ir al río, o para ir a diferentes pueblos cerca de San Gil, nos quedábamos a mitad de ruta y en algo que se llama “neomático”, lo que aquí llaman la cámara -lo que va dentro de las ruedas de los autos-, la inflábamos y nos tirábamos por el río y eso estaba muy prohibido porque es peligroso para la gente, los niños… es que ese era como el juego de nosotros. Nadar el río, buscar el palo más alto y hacer como tipo clavados, ir a ordeñar una vaca o a cazar iguanas, esas cosas… esto era especial porque estábamos con el río, con los rápidos muy fuertes y teníamos una corta edad y es lo que queríamos hacer…

Ahora tengo 33 y ha pasado una película completa podría decir… podría hablar de historias, de cosas maravillosas: del turismo, la gente que puede conocer, de competir, de llevar en alto la bandera de mi país, de conocer grandes deportistas, grandes personas, de conocer el movimiento de la vida… el peligro…

Allí probé con todo: con el rafting, con el trekking, probé con la espeleología, descensos de rapel, escalar, porque tuve grandes maestros de Europa que pertenecen a los referentes que mandan todos los deportes de aventura en el mundo, son los que ponen “esto es así” y bueno… Teniendo esa edad yo estaba con personas de 30 ó 40 años y era como el hijo al que le estaban enseñando, porque eran solteros, entonces en mí encontraron eso y me enseñaron de la mejor manera posible.

P.- Entonces usted se especializó en todos estos deportes.

J.E.S.R.- Claro, en todos los deportes. En realidad, ya después de los 13 años, tres años probando esa fortaleza desde niño; estar con personas que no tenían miedo a nada y que le enseñaban a uno a no tenerlo, pero igualmente estaban como la madre o el padre ahí, pegados, para cualquier situación sólo que nunca lo demostraron, pero siempre estuvieron ahí, fue algo que no entendí pero ahora -luego de un largo proceso- lo entendí, por eso agradezco a todas esas personas.

P.- ¿Cómo llega a la Argentina?

J.E.S.R.- Con todos estos viajes, con abrir rutas, nosotros tuvimos la oportunidad, en Colombia, por ser el primer pueblo en Colombia y en parte de Sudamérica de abrir rutas de turismo, empezamos a viajar. Diez años viajando por Colombia, primero para conocerla y aprender de mi país que esa era mi meta, viajar de punta a punta, lo logré compitiendo, haciendo rescate, lo logré en un momento muy fuerte, muy duro de mi país, a muy corta edad, viviendo una historia muy cruel y eso me hizo ser una persona bondadosa, me hizo conocer la tristeza, el odio, el amor y esto me hizo pensar en salir del país y hablar de él en grande porque no era como la gente pensaba afuera, sino como nosotros lo vivíamos y lo veíamos en el diario vivir.

A pesar de ser una historia muy cruel con personajes muy importantes o tan malos que ya están en la historia, nosotros lo vivimos, los conocimos y aprendimos a tener una sonrisa en el diario vivir por más triste que sea de alguna manera. Así decidí que tenía que viajar, en principio lo hice solo ya teniendo mayoría de edad, pero después entró la motivación de viajar con amigos, hacer una cadena de país en país para poder tener recursos y poder seguir viajando, conociendo, enseñando, aprendiendo más que cualquier otra cosa, y en uno de esos viajes surgió una competencia de deportes acá en Mendoza -hace alrededor de cinco años-. Era como un amistoso, venían algunos países, se concentraban acá para hacer rafting, trekking, rapel en un pequeño circuito que se diseñó con unas personas y bueno, por medio de amigos y conocidos llegamos acá a participar.

Me quedó gustando Mendoza porque en realidad estuve casi un mes -fue muy corto-, conocí algunos lugares de paso -en paseos -. Después, ya una vez en Colombia -porque habíamos regresado-, tuve un encuentro un poco complicado con una cordobesa, y Argentina ya no sería un país de retorno, con todo el cariño y todo el respeto que ya le tenía, porque grandes amigos están viajando por el mundo y que podría haber estado con ellos en este instante y bueno… les deseo la mejor.

Estando en Colombia decidí que tenía que empezar a viajar otra vez solo porque me motivaba salir, conocer personas, enseñarles, aprender y bueno, en esto me fui a Ecuador, en realidad Baños de Agua Santa, se conoce este lugar como Baños. Ahí estábamos con unas personas que querían aprender, seminarios en altura, de seguridad vertical que yo ya lo había aprendido, lo sabía muy bien y podía mostrárselos, llevaba mi equipo y demás y toda la energía para hacerlo, así es que salí, llegamos al lugar, empezamos a hacer cosas lindas y en un momento se desapareció el equipo, fue un momento triste, de desconsuelo y ahí me fui a las playas de Montañita que es donde empieza el porqué estoy hoy sentado aquí, charlando, el porqué o los porqué…

P.- Justamente ¡es la pregunta! ¿cómo llegó a Mendoza después de este desempeño deportivo y hoy está viviendo en Mendoza?

J.E.S.R.- Muchas veces uno tiene el afán de tener una respuesta y de hacerla lo más corta posible pero, es complicado para que realmente entiendan el porqué de los porqué, por eso hablaba de todos estos temas para poder centrarnos acá. Bueno, estando en Ecuador, en este lugar que se llama Montañita, un lugar de playa, muy lindo, conocí una hermosa mujer, una mujer que tocaba la guitarra, la armónica, que caminaba lindo, que tenía una sonrisa increíble, que me acompañaba a caminar la playa, que me enseñó a sonreír nuevamente, en un lapso de tiempo muy corto, es decir, en realidad aún pienso si no ha sido un sueño y todavía no despierto.

De ahí salió que tenía que volver a Baños de Agua Santa porque ya era hora de empezar a trabajar. La idea era llegar a Perú, hacer una escalada cerca de Lima y de ahí más de 350 líneas de escalada, es ¡la libertad es estar ahí!, era en ese momento mi pensamiento, lo que quería en mi vida. Esta chica hermosa decidió acompañarme a Baños de Agua Santa pero había una historia en ella y que no tenía la menor idea y es que ya estaba pasada tres meses de los permisos que se dan en Ecuador a los argentinos para estar ahí y en Baños de Agua Santa la detuvo la policía Migraciones. Yo iba caminando por la calle más conocida de Baños de Agua Santa y de repente me gritaron y era ella que estaba en el auto de Migraciones, se la llevaron a una Estación, tenía que pagar una multa, teníamos que comprar un pasaje porque ella debía salir del país y tenían que retornarla por donde entró, entonces la debía ser por Perú… y mi idea era Perú, pero ella no tenía idea de esto porque para ella teníamos un feeling y chau y acá se acaba todo. Aparte, el día que yo la conocí -y cuando me acuerdo de eso me río mucho porque es hasta irónico-, yo la vi con esa sonrsisa tan increíble y le dije “con esa sonrisa, con usted, hasta el fin del mundo” y esa sonrisa me la llevo al fin del mundo y bueno, acá estamos en el fin del mundo…

La chica no tenía dinero, no tenía nada para poder salir, para pagar la multa, no quería llamar a su familia, ya le habían mandado dinero -creo que su hermana- una historia así, la cuestión es que yo conseguí el dinero, compré los pasajes porque a todo esto, ella como llorando me dijo: “yo quiero que viajemos los dos, yo estoy muy encantada con usted, usted es un colombiano muy bueno y enredador…”

Y ahí me convenció, y compré todo, armamos las maletas en el lugar en el que estábamos y partimos hacia Perú. Allí ya empezamos a pelearla los dos, llevábamos poco dinero, estuvimos en playas, estuvimos tranquilos, disfrutamos, pero ya teníamos que decidir qué queríamos hacer, entonces empezamos a coger la selva para entrar a Colombia, porque por Perú se puede entrar a la frontera entre Colombia, Perú y Brasil. Entonces entras por Perú, se coge toda la parte del Amazonas, viajas en barco, que allá le llaman lanchas, pero una lancha donde cabe una tractores, mulas, 50 autos, mil personas, eso es una “lancha”.

La historia es que viajamos por muchos días en esos barcos de un lugar a otro, llegamos a la frontera de Santa Rosa en Perú y cruzábamos el río y allí estábamos en la frontera de Colombia y Brasil. En Brasil hay un lugar que se llama Tabatinga, hermoso lugar y en Colombia está Leticia, obviamente, una misma amazona con sus fronteras. Allí empezamos a trabajar, yo encontré trabajo en unas reservas naturales. Por descendencia de mi madre pertenezco a una comunidad indígena, siempre me ha llamado la atención pertenecer y amar esa cultura, respetarla como tal, eso también lo he podido mantener conmigo hasta este momento. Estuvimos allí, aprendí de los indígenas a curar animales salvajes, cómo respetarlos, rescatarlos, volverlos a la vida salvaje. En estas reservas también se construían cabañas en los árboles entonces ahí también se me da la facilidad de poder construir con lo que sea. .

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Yo, José Expedito, me considero una persona autodidacta, que si necesita lo que sea lo va a sacar, lo va a investigar, obviamente, con todo lo que eso requiere para construirlo, para hacerlo, por eso estoy aquí… Y en toda esta historia, en ese lugar, nos iba muy bien, vivíamos en una cabaña a 30 metros de altura en un árbol; en las noches veíamos una manada de monos por acá, cacatúas, loros, pájaros carpinteros, toda clase de animales que podían pasar por ahí, nos despertábamos con la luz del día, dormíamos con la luz de la noche, hacíamos deportes de aventura, estábamos con europeos o lo que fueran compartiendo; hacíamos lo que se llama un “dosel”, o sea una estructura en un árbol a más de 70 metros de altura, es un árbol que ya no tiene vida de hojas, tiene vida pero de raíz, entonces el árbol está limpio y se ve todo el cielo, entonces estábamos a 70 metros de altura como en un tipo de cabaña durmiendo con el cielo, era majestuoso, ese era nuestro diario vivir y nuestro anochecer.

Un día ella me avisó “usted va a ser papá”, entonces, aunque no fue tan fácil, porque esa fue una historia muy triste, pero bueno, no quiero hablar de esa historia porque me es muy difícil, la cuestión es que supe que iba a ser padre y cambió toda mi vida. Llevaba una vida de diversión, de fiestas, lo tenía todo en mis manos, sabía todo lo que estaba haciendo, lo tuve desde muy joven y lo sabía y me río por hacer sistemas, con hacer nudos, con rescatar, con esto tengo una especialidad increíble, lo que hago mejor es espeleología, que es el arte de entrar a la montaña, a las cavernas, recorrer kilómetros o metros, mi obligación o tengo la autonomía que si cae un edificio tengo que buscar una línea alterna dentro de esa estructura caída y rescatar las personas, lo he hecho ya, he recibido el cariño de una persona que estaba perdida a metros, en la oscuridad, sin saber si iba a salir con vida o no, y yo la he sentido con un abrazo en el alma, entonces ahí les hablo del amor, por eso aprendí qué es el amor, ya.

Tuvimos contacto con la familia de esta mujer para decirles: “su hija está embarazada, está conmigo y yo voy a responder, yo no me voy a ir, yo voy a estar siempre acá”, y digo esto porque desde que he sido joven no he tenido un padre como muchas personas y no por esto me quejo o reprocho, pero sí ha sido un proceso muy complicado y sé que cada persona que no tiene su madre o su padre lo vive, que no lo muestre o quiera reflejar es otra situación. Así es que hablé con los padres de ella, les prometí, hice una promesa que luego se convirtió en una obligación y después, ellos la convencieron para que volviéramos a Argentina, ¿que cómo ibamos a estar en Leticia, en el Amazonas, en medio de la selva, pasando peligros! ¡y no!, yo me ganaba cien dólares diarios haciendo mi trabajo y al terminar: “tome José este es su billete y esta es su propina que le tocó hoy de tal o tal persona que le dejó porque usted lo llevó a hacer rapel, porque lo llevó a una caminata nocturna en la selva, porque usted les enseñó cómo hacer fuego dentro de la selva con el respeto a la naturaleza…” era increíble, ¡teníamos una vida hermosa! ¡hermosa!

El único problema en ese lugar era un mono al que llamábamos Patricio, era de una especie llamada mico león o mono tití –los más pequeños que hay en toda la naturaleza–, teníamos a Patricio se creía el dueño de mi compañera y cada vez que me le acercaba a ella para cogerle la panza me mordía, me pegaba, a veces me pegaba en las manos y salía corriendo, ese era mi único problema, no tenía ningún otro problema… iba a ser padre, estaba feliz, emocionado, con ganas de comerme el mundo, con todo el amor…

Pero para la familia la circunstancia del lugar, que estábamos en la selva, que estábamos en lo peor… y teníamos ecografías en 3D, teníamos un auto, una moto, estábamos en una cabaña hermosa a 30 metros de altura, en una reserva natural majestuosa, compartíamos, comíamos, vivíamos felices. En la cotidianidad oí decir: “ay, estoy embarazada, yo quería ser cantante, yo quería viajar por el mundo”, y sí, “yo quería escalar más, yo quería parecer red bull de escaladores para darle a mi familia lo que más se merece, yo también quería estar en África, en Europa”, yo también tenía mi vida y quería esa vida, no quería tener hijos en ese momento porque no tenía con qué alimentarlos y ese era mi pensar, pero bueno la vida me lo dió cuando no tengo nada, pero le voy a dar todo a mi hijo, hermano, te lo juro por Dios, que le voy a dar todo. Ahorramos dinero y nos vinimos.

P.- ¿Vinieron dejando esa vida y con la idea de hacer una nueva vida acá?

J.E.S.R.- Vinimos, dejamos eso atrás porque el niño tenía que crecer un poco, esperar a que estuviera fuerte, estuviera sano. Empezamos a planear… “vamos a viajar pero vamos a esperar que el niño tenga tres años, para que esté más fuerte, entienda más y vamos a enseñarle a viajar; por su lado la música, los instrumentos; por mi lado qué es escalar, qué es cuidar un animal salvaje, respetar, construir, hacer proyectos ecoambientales y qué es también tener la palabra, el respeto, la vida, esa era la idea ser padres pero viajando, pintando, tallando, haciendo instrumentos”, salir con un auto.

Llegamos acá, la primera semana fue bien, recuerdo fue un domingo, sentía mucha sed, tomé mucha agua, en la noche tipo una de la mañana ya no podía dormir y tenia una infección gastro-instestinal; ella ya tenía cinco meses de embarazo, me dejó en el hospital, estuve una semana en el Hospital Central y cuando salí, al siguiente día, tuve una discusión con el padre de ella, porque no tenía perspectivas de trabajo todavía. La verdad, la primera semana conociendo y la siguiente enfermé y cómo iba a conseguir trabajo; resultado de la discusión: ¡se van de la casa!.

Ella tenía cinco meses de embarazo, yo no tenía ni un peso para hacer nada, conseguimos un hostel cerca de la Terminal, estuvimos unos días, después se me acabó a mí la plata, la hermana de ella intervino y nos permitió quedarnos en su casa un mes. Yo me repuse, salía todos los días buscando una moneda, llevando maletas en la terminal, conseguí dinero, compré alfajores, hice un Curriculum y lo llevé a Empresas de Turismo. Yo tenía mi equipo personal que siempre lo mantuve, que era mi equipo de rescate: mis cuchillos, mi manta térmica, equipo de rescate increíble, lo armé con los años, era como mi hijo; esto lo cuento porque cuando vine a acá, a la semana siguiente pude trabajar con Turismo, con la hoja de guía, me llamaron y me dijeron: “usted venga, lo necesitamos en esta empresa”.

Empecé trabajando en una empresa que se llama Youth Travel Argentina, por ellos conocí otras empresas a las que también les trabajé, en realidad en algún momento me hicieron algo a lo que le llaman “cama” que fue “acá puede dejar su equipo de rescate”, “acá puede dejar su equipo de rescate” y eso fue un detonante para dejar de trabajar en Turismo porque me robaron el equipo con cámaras fotográficas y todo lo demás!, aparte la situación no daba para seguir con eso porque no pagaban bien, trabajaba todo el día y eso influyó muchísimo en la relación de pareja. Después que yo encontré ese trabajo y ya teníamos para pagar un alquiler, ella decidió que teníamos que vivir cerca de sus padres, entonces nos fuimos a vivir a una calle y media de donde vivían ellos. Cuando llegamos ahí, yo ya tenía mi trabajo, salía tipo 7 de la mañana de la casa y llegaba 9 de la noche y eso era de lunes a domingo, tenía un día de descanso y era el que yo quería escoger, o los días que yo quisiera escoger en realidad, pero mientras más dinero más estabilidad, porque nosotros llegamos a un acuerdo viajando: ella estaría durante el embarazo totalmente tranquila, por eso es que vinimos acá, pero sus padres comenzaron a llenarle la cabeza que teníamos que estar acá, acá en Mendoza, porque si no, no iba a ser vida.

Por otro lado para tener a al niño con calma, con amor, fortalecido, bien y que fuera un excelente parto, por eso quedamos que durante esa parte del embarazo ella iba a estar tranquila, salir, caminar hacer sus cosas y yo iba a trabajar. Una vez que naciera nuestro hijo y ella se recuperara y de allí para adelante. Esto nunca pasó porque al irme yo a trabajar todo el día y no estar acompañándolos se prestó para que ella pensara que yo hacía cosas indebidas en mi trabajo porque todo el día estaba en contacto con europeas, extranjeras y demás cosas, pero yo estaba comprometido con la relación, siempre feliz con mi hijo, siempre hablaba pensando en mi hijo, nunca pasó nada pero para ella sí, la historia es que terminó cambiando, volviéndose todo al revés y se prestó para que cuando el niño nació y cumplido dos meses se terminara la relación.

De ahí me vi parado en una calle, con una maleta ,y solo… sin mi hijo, con las expectativas rotas: comprar el auto, viajar por el mundo…

soloP.- Se acabó el sueño …

J.E.S.R.- …se acabó el sueño, claro.

P.- Del paraiso al infierno.

J.E.S.R.- No sé si el infierno, pero si el abismo…

P.- Has sentido el calor de las llamas, ha terminado la relación y ha tenido que armar su vida solo, nació su niño, una mamá que no quiere tener relación con ese papá, pero el papá si quiere tener relación con ese hijo y en muchos de los casos, sabemos que el hombre ante estas situaciones adversas lo primero que hace es alejarse…¿por qué se quedó?

J.E.S.R.- Hay algo que ha sido muy lindo y, vuelvo a esa historia para poder decirle por qué estoy acá. En el 2007 yo compartía con unas personas que directamente trabajaban con un “mamos”, que para nosotros es un abuelo mayor, una persona que pasa de los cien años; ellos están en un lugar que se llama la Sierra Nevada en Santa Marta – Colombia- conocidos mundialmente, las comunidades indígenas con la palabra, con el respeto, con el habla con el agua hacen algo que llaman “pagamentos” por nosotros, que somos los hermanos menores, los que estamos con el celular, con el dinero, con el auto porque si no el día no es vida, no sabemos cuando parar.

En todo ese proceso tuve el permiso de ellos de dar la palabra, lo que significa respetar la palabra, pero más que por uno mismo y por lo varón que yo puedo decir: “tengo palabra” ¡no!, porque la palabra es amor, porque la palabra es respeto, porque la palabra es grandeza, espiritual, natural, social y cuando uno aprende eso y lo aplica hay vida, hay sonrisas, hay ganas de seguir. Cuando yo supe que iba a ser padre le di mi palabra a la madre de mi hijo, que pasara lo que pasara y viviéramos lo que tuviéramos que vivir yo iba a estar cerca de ellos, les iba a ayudar incondicionalmente y eso es lo que hoy día y en este momento hago. Para mí ha sido la historia más trágica que he vivido a mis 33 años y creo que seguramente hay cosas más trágicas en el mundo, seguramente hay personas que están viviendo peores situaciones, pero yo la veo trágica para mí, porque yo quería mi vida, por mis expectativas, por lo que he aprendido en mi vida, por lo que quiero ser, por el amor que le tengo a mi hijo, es trágico llevar tanto tiempo sin verlo, por su corta edad no haberlo visto tanto tiempo en forma intercalada y el niño ya tiene 3 años…

P.- …y la situación de no poder verlo fue ¿desde el principio o últimamente?

J.E.S.R.- Desde el principio, desde que yo empecé la vida solo en Mendoza no ha sido fácil, porque con todo el respeto, esta es una sociedad diferente, una sociedad más europea, más cerrada, una cultura más individual -que una cultura más libre-, de una cultura de cada quien con su historia y acá no ha pasado nada; no hay ese calor humano como el del que yo vengo, si a usted le pasa algo siempre hay uno, dos o tres que están ahí. Capaz es diferente entre ustedes, entre paisanos, para mí ha sido la más mala experiencia, pelea con el gobierno, con las leyes, con el trabajo, con el diario vivir… En realidad las he pasado verde, moradas, amarillas del color que usted quiera, muchas veces, honestamente si, a veces he almorzado sólo una banana y un pan en el diario para poder responderle a mi hijo con su comida, con su leche…

He trabajado con electricidad, con pintura, con madera, he trabajado construyendo juegos para niños, he trabajado como seguridad en altura en lugares que lo han necesitado, he pintado casas, he salido a vender comida, he hecho de todo un poco, de pronto quitar algo, robar algo, ese tipo de cosas no me interesan, nunca lo he hecho, y no creo que sea el camino para llegar a una buena situación, aparte no es mi educación, no me educaron así, nunca me hizo falta…

P.- Conocemos sus constantes reclamos a la Justicia para poder seguir viendo a su hijo, con denuncias cruzadas, denuncias difíciles, él ha hecho denuncias, a él le han hecho denuncias, un laberinto de la Instituciones que hoy, después de muchos meses, todavía no han podido resolver la situación para que vea a su hijo en forma constante y poder hacerse cargo de él en forma diaria.

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J.E.S.R.- Llevo una situación de tres años luchando con mi hijo, de no verlo con sus tres años, no lo he visto casi año y medio intercalado y el otro año y medio que ha vivido conmigo porque su mamá está en otro proceso. Cuando me lo quitan, o cada vez que permiten que me lo quiten, le están haciendo un daño increíble porque él me pide, yo lo siento y más que sentirlo me lo dice, es increíble ver a mi hijo con su corta edad pidiendo a gritos “¡libertad papá, libertad!”,

Estamos otra parte, tanto mujeres como hombres, que luchan cada día, que se levantan a la hora que tenga que ser y educan y acompañan a sus hijos con amor y les enseñan con amor y los quieren proteger con amor y los quiere acompañar con amor y yo me considero en esa parte, porque hay tanta injusticia, porque no hacen un espacio por construir, de poder enseñarle a ese niño, a esa niña que ahí está el futuro, que puede ser una universidad en paz, que puede ser la compañía de su madre, de su padre, el crecimiento de ese amor, de esa fortaleza de no esos espacio, de no esos tapones, o huecos en el transcurso de su niñez, de su adolescencia, porque ponerlos como un trofeo, como una venganza infinita de odio, él no tiene la culpa, en este caso no la tiene y de nada ¿por qué no darle el derecho de ver a su padre, a su madre?

P.- Hoy José sigue bregando en la Justicia para poder ver a su hijo mas seguido, para poder estar con él y está decidido a continuar con su lucha quedándose aquí en Mendoza. Él no vino por cuestiones migratorias o por situaciones difíciles en Colombia, sino que está aquí por su decisión de ser padre de ese niño. Nuestra idea de entrevistarlo es difundir esta historia, la de una persona que ha decidido entregarse al amor y a luchar por conseguirlo y sostenerlo, la idea es escucharte y difundir esta historia y darle una mano entre toda la gente que nos lee o escucha para ver cómo podemos ayudarte a encontrar un trabajo, un lugar para seguir apoyando tu decisión de quedarte acá para estar con tu hijo.

J.E.S.R.- Yo quiero decirles algo, en muchos niños, en millones de niños, está el presente y futuro de una nación, de un país, de una ciudad, de un pueblo, de lo que sea, de la felicidad, de la vida, de la germinación y así va a seguir. En mi hijo veo un matemático, un abogado, o puedo ver un zapatero, o veo un sociólogo, un astronauta o veo un piloto de avión, o veo un guerrero o un escalador o, simplemente, veo una persona y en todo este resumen de ver todo esto que sólo una persona en su corta edad me muestra, que puede ser el que marque la diferencia en algún momento en la sociedad.

Yo estoy acá, y voy a estar acá en Mendoza cerca de mi hijo. hasta el día que la vida misma me lo permita, somos “ciudadanos del mundo”, “¡ciudadanos del mundo!” y a eso pertenezco y por eso acá estoy, cumpliendo la leyes, las normas como debe ser, pagando impuestos en lo que como, en donde vivo, en lo que compro, en el colectivo, yendo recto, firme, para mi hijo, para mostrarme a mí mismo y enseñarme a mí mismo y crear conciencia de que se puede con amor, que se puede con honestidad, de que no todo en la vida es fácil, porque cuando uno da su palabra y más que darla lucha, lo logra.

Hoy la veo una calle oscura, negra, honestamente, hoy he comido una banana y un pan, pero no pasa nada, no pasa nada… porque la voy a conseguir, la voy a seguir luchando, lo aseguro que lo voy a lograr y por eso estoy acá, doy este testimonio, porque cantidad de personas aunque sean tres las que lo escuchen van a cambiar su consciencia social y eso puedo darlo por seguro, no porque yo esté dando mi testimonio, sino porque van a ver un reflejo de una sociedad hipócrita, de una sociedad, machista-feminista, de una sociedad donde sólo importa el tener, el oportunismo, mas no el saber, el entender, el conocer, es una sociedad donde la hipocresía vale más que un abrazo y así vamos …

Para comunicarse con José, para darle una mano con un trabajo, un lugar donde estar, ayudarlo, o simplemente apoyarlo y alentarlo:

+54 9 261 5359041

Mendoza, 11 de Junio de 2018.-

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