Alguien más podrá soñar sus sueños…

Se fue el Damián, dejo de sufrir para cuidarnos desde otro lado.
Se fue así con el silencio de los que no tienen nada. Con el cuerpo lacerado por la crueldad de las deudas entre los que calculan y sueñan que la salvación está en la fácil.
También hizo la difícil, la de levantarse temprano y quebrarse la espalda con bolsas y cajones de la feria. La de encallecerse las manos hasta sangrarlas con la pala, el ladrillo y el cemento. Hizo la difícil cuando con su mujer decidieron que ya nada alcanzaba, ni fácil ni difícil, y la vio irse a otros brazos mas fuertes o mas amorosos, y se llevó con ella su hijita y su dignidad. Y se enojó. Y el enojo de los pobres de toda pobreza le valió un año entre rejas, hasta que le dijeron que no había mérito. Y se volvió a la casa de su madre con sus otros 7 hermanos. Al calorcito de un colchón compartido, de una taza de te solidaria.
Y un día se volvió a enojar frente a 5 de los bravos, que fueron bravos entre 5 cuando lo dejaron tirado y embebido de su propia sangre en el medio de la calle. Durante 45 minutos sólo recibió la mirada del miedo de los vecinos que no se animaron a acercarse a esa ofrenda a la violencia que dejaron los bravos entre risas y palmadas por la valentía de “ser bravo” entre 5. Y se guardó, porque le dijeron que tampoco alcanzaba una golpiza, que esperara otra, porque la cuenta no cerró del todo.
No lo pidió pero le alcanzamos un laburo, lejos, bien lejos, entre animales y paz para su alma y su cuerpo. Con decisión y esperanzas se ganó el afecto de sus compañeros y la confianza del patrón y los demás en los corrales y la zapa al hombro. Todos sentimos que se podía extender una mano. Hacer algo para resguardar esa vida.
Intentó volver esta vez con la alegría de dejar una moneda en la casa de su hija, aunque escuchara y soportara el reclamo de que no alcanza.
Después nadie lo volvió a ver por días. Hasta que volvió. Otra vez con el pago del cuerpo lacerado. Otra vez. Otra vez no les alcanzó. Dejó este mundo debiendo cosas en la cama de un hospital después de que la desidia médica de una Guardia le dieran un anti inflamatorio…
La familia le pagó algo a la humanidad donando sus órganos como una ofrenda solidaria, para que le alcance a alguien más, para que a alguien mas pueda soñar con ver el mar, con un trabajo, con estudiar, con ver crecer a hijos y nietos.
Termina (o empieza) una historia con una colecta entre los vecinos ante la indolencia de funcionarios ocupados en otras cosas, y la ayuda estatal que no llega, para tratar que el final sea digno.
El Damián seguirá latiendo, alimentando, soñando y viviendo otras realidades posibles.
Sentimos que no nos alcanza. Pero ya está en paz.

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