Crónica de una obra (desde lejos)

La sociedad y la política se expresan en formas, figuras que las hacen inteligibles y a la vez presentan la plasticidad de las mismas, la artista Carolina Simón trabajo las formas y las figuras a través del concepto  “La mirada a través de la Grieta/El agujero como posibilidad”. Aquí nos presenta sus obras y texto,  que expresan la posibilidad potente con que que la acción pensante amenaza la estabilidad de las mismas.  

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Por Carolina Ana Simón

Crónica de una obra (desde lejos)

Cuando el horror se nos hace visible (otra vez)

Pase gran parte del 2015 y  2016 reflexionando sobre herida, sutura, reparación, como conceptos en sí, o como puertas.

Los Japoneses tienen para esto un concepto exquisito, le llaman Kintsukuroi, es el arte de arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Es también una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones son parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, deben incorporarse y además hacerlo para embellecer al objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia.

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Creo que pensar en ello solo es posible en ciertas condiciones, humanas, sociales, económicas, históricas.

El 2017 se colmó de hechos que me imposibilitan continuar en dicho pensar, o más bien encarnar tales conceptos.

La desaparición y posterior muerte de Santiago Maldonado, la lucha Mapuche que hasta  entonces sucedía en abandono y silencio por parte de la mayoría del pueblo argentino (mi caso). El terremoto en México que me tocó vivir y en el que me asomé al horror del accionar del gobierno (despiadado es poco). El asesinato de Rafael Nahuel por la espalda con plena responsabilidad del estado argentino, son algunos de los hechos que me vuelcan a pensar de un modo otro.

En estas coyunturas, el exquisito concepto Japonés se diluye y YA NO HAY SUTURA POSIBLE.

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Pensar en hechos de tal violencia,  pensar el horror y pensar en ello desde el arte es al menos, confuso. Surge el peor ¿PARA QUÉ?: para qué hacer -una obra-, si una imagen nada remedia, para qué insistir con el arte, si la vida está afuera y la muerte también, etc… hasta respirar de nuevo,  dar otro giro, en el pensar, en el hacer, y encontrar el impulso en las palabras de lxs compas zapatistas que de dolor, de despojo y de lucha SABEN: “Para nosotras, nosotros, zapatistas, las artes son una esperanza de humanidad, no una célula militante. Pensamos sí, que es en los momentos más difíciles, cuando es más la desilusión y la impotencia, que las Artes son las únicas capaces de celebrar la humanidad.” Y en las palabras de Marichuy, vocera del CIG (Consejo Indígena de Gobierno) que en su reciente visita a la UNAM dijo “a los creadores y multiplicadores de artes y ciencias, los reconocemos como una gran luz en medio de tanta muerte y oscuridad, los necesitamos para seguir soñando, luchando y haciendo cada vez más grande eso que los poderosos tanto temen y que se llama democracia, libertad y justicia.”

Desde este pensar surge la obra y el siguiente texto:

“La mirada a través de la Grieta/El agujero como posibilidad”

Se abrió la tierra, con ella todo cuerpo.

Otro agujero más en esta historia.

Cuerpo como territorio. Territorio como despojo.

Cuando se obtura la mirada el daño es humano.

Violencia es -querer-coser un cuerpo (social) lastimado.

La ausencia es y será presencia brutal.

Sólo puedo repetir como un mantra que ya no hay sutura posible.

El agujero, la grieta, están para recorrer y habitar.

Luz es eso-Luz. La práctica ya está situada.

Una forma nueva para reanudar la existencia. RE-existencia para sentir el pensamiento. Rasgar el dogma, el muro para salir de las prácticas nocivas.

Insistir.

Querer con fuerza sentir más, nunca menos.

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Agujerear el papel, rasgarlo, coserlo para obturar lo roto. El color negro como soporte, la aguja, el filo y la luz son los elementos escogidos para hablar de un cuerpo/territorio despojado, de una subjetividad secuestrada, violentada, asesinada y con todo ello pretendidamente silenciada. Pero el silencio no será.

Santiago Maldonado tenía 28 años, estaba apoyando al pueblo Mapuche en un corte de ruta en el que exigían la liberación de su dirigente Facundo Jones Huala, preso político. El 1 de agosto, durante dicha manifestación Gendarmería reprimió a la comunidad mapuche en Cushamen, Chubut (sur de Argentina). En esta represión Santiago Maldonado desapareció. Apareció 78 días después río arriba, muerto, en condiciones aún sospechosas y en un río que ya había sido peritado veces anteriores durante su búsqueda.

“Nos quisieron enterrar. No sabían que éramos semillas”

Carolina Simón. Artista Visual (Argentina)

 

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