“Aqui sobrevivimos a revolución y poesía”

El maipucino  Lucio Albirosa presenta en Palabras al Borde una parte de su exquisita obra, donde la realidad es estaqueada con una pluma  que desnuda la desigualdad y la obscenidad que danza  oprimiendo humanidades.

DENUNCIA EN LLAMAS

El sitio que habita la vida es éste

donde vives, te viven y te llevan;

este lugar donde el lenguaje es

movimiento pasajero de generaciones sin edad

que no esperan futuros por falta

del presente propicio;

aquí sobrevivimos a revolución y poesía.

 

Tanto andar para ver desde cerca

el frío de las inconciencias de norte a sur

y sin embargo la espalda terrenal

de las masas es la misma

aquí al lado o allá en la lejanía.

Demasiado esquema sin resolver

destapa desinterés por la matemática

de un mundo sujeto a máquinas;

máquinas de tiempo;

máquinas de crecimiento industrial;

máquinas de avance tecnológico,

máquinas de cine manipulador,

máquinas de lavado cerebral,

máquinas de tortura y más.

Los buenos, pero pobres, tras

un paredón clasicista separando

a la elite del proletariado.

Todos quieren subir, todos avanzan,

se pisan, se mastican, se devoran.

se matan con o sin razón.

A veces aquí la vida poco importa

y la furia también es guerra ávida.

Entre tzada y pólvora

la paz espera su turno indefinido de tratamiento.

 

Estos rostros de desigualdad,

este gastado ropaje,

esta ala quebrada en vuelo,

estas telas de miserias

tejidas por arañas y arañones

de señores sombríos.

Esta sombra fingiendo calma,

este supermercado de grandes ofertas,

de precios promocionales,

de pobreza humana imanada

instalada en luminosos carteles

y en la sensación de portadas

de los diarios escribidores de ceniza

o en el borrador de sociólogos,

matemáticos y marquetinistas oscuros

blanqueando títulos para el show

de la carcajada dolida y los noticieros.

 

También el oprobio se gesta en recintos

entre cardúmenes, en cámaras altas y bajas

o en el rodaje de caballos de plomo y torpezas;

decretos, leyes, ordenanzas y desestructuradas

aprobaciones: lo bien sabido por todos,

mientras continúa el carnaval y las máscaras

vendedoras de mentira a costo gratuito.

Los menos cavan pozos antes de ser

alcanzados por la daga cotidiana

o las balas finales del exterminio.

Y están los otros, los que llegan de afuera

con permiso autorizado para todo…

 

Bendicen el suelo y el surco,

siembran, no sudan, socavan el fruto,

aquí nada habrá de quedar, ni las gracias.

Socavan, sacuden y todo simplifican.

Nos roban las hojas de identidad.

Nos están robando las flores crecientes.

El pibe de la esquina usa gorra al costado;

escucha hip hop, electrónica, dance;

se ríe de todo y todos, el ácido lo devora.

El pibe de la esquina viste marcas extranjeras,

no leyó el Martín Fierro en la primaria,

no escuchó jamás a Atahualpa Yupanqui.

Le impusieron un idioma obligatorio

y sus problemas se cancelaron por completo

al presionar un gatillo de Smith & Wesson

nueve  milímetros.

 

El antiquísimo sueño de la dicha duerme

en paredes de barro, barrios y villas

cegadas de tempestades y necesidades

hechizadas por gusto amargo, total;

el ojo ciego de la injusticia jamás llora.

Los desocupados no estudiaron estadística

ni economía,

no hay puente ni camino al sol de la mañana;

hay horneros construyendo labores

sin digna remuneración;

hay ciudades enfermas de protestas cotidianas,

hay un olvido prematuro en el viento,

hay una patria demasiado castigada.

 

Nos habita un germinal silencio

de peces moribundos en río sin cauces

ni afluentes satisfactorios,

no hay piedad con los buscas

en las cifras de la bolsa.

Hay un oído sordo a las quejas,

no hay clínica ni medicina

que atienda la entraña dolida del pueblo.

Nadie es hijo del azar en el gremio de los más,

todo fue planificado en mesa de dioses

y banquetes elegidos por conveniencia ajena.

No hay llave que abra pórticos de oculto oro.

 

Habitantes, pájaros sin nido,

duendes sin infancia al desamparo;

sin educación se manipula mejor,

crecen muros y nuevas cárceles

para esconder el pobrerío social

y la criminalización de la justicia

se baja con maletines bajo el estrado.

Crece la violencia a empujones,

crece la fiebre en los estómagos,

crece la urgencia de despidos,

crece la voracidad de los políticos,

crece el ímpetu del consumismo,

nos crece la ira, la bronca , la rabia.

A lo lejos se oye somnolienta

una melodía extraviada

cantándole a la esperanza.

 

No crece el trigo multiplicador de panes,

le amputan las piernas al peregrino,

mañana seguramente habrá más marchas

en la profunda calle sosiega sin vereda de alivios;

hay espejos singularmente rotos

en este campanario desigual de los años.

Este inhumano derecho de vivir

andando con cruces de polvo sin religión

y amargura despiadada en la voz,

indigna, realmente indigna esto

de necios juramentos y falsos aplausos

de cobardes de la farsa y el miedo

en las tribunas tristes de turno

e innombrables analíticos de un todo;

estructuran porcentajes, migajas, muertes

mientras los adioses no cesan en los cementerios

ni en cada entierro del día después.

 

La niña de panamericana siente odio

tras la ceguera del precio por turno

entregado al asco consumismo de cuerpos;

la noche mastica cirujas, cartoneros

y algún que otro abandonado a suerte de estrellas,

el rapto de inocencias es costumbrismo

o cerrazón sin observancia.

Caminar es un peligroso ejercicio

en esta esfera universal de llagas abiertas

por la pluma del poeta repercutiendo

en la puerta que el redentor no quiso abrir

mientras los santos alaban sin pena ni gloria

los milagros incumplidos.

Ni Versacce, ni Armani, ni Carolina Herrera

perfuman las superficies del alma vacía de todo.

 

El podio de la igualdad no camina,

en este férreo cielo no hay arpas,

esta marea está suspendida sin anclaje,

este poeta no describe pasiones.

No hay razón, disculpa ni explicación

a tanta barbarie atravesándonos

los relojes y las estaciones sin luz;

sin embargo la utopía abarca al niño

que sueña pájaros mientras juega

a beber el agua de un río de igualdad,

tragar la miel y el trigo a raudal

multiplicado en paz y panes

sin que nadie pueda cortar de raíz

la inmensa dicha de vivir plenamente feliz.

 

Un abuelo cree que el amor triunfará

sobre las bestias capataces del mal;

las juanas riegan jardines con gotas de cariño:

-otro cantar nos llegará mañana

cuando se abran las originales puertas de la vida-

me dice un vecino.

Hoy, nos seguirá doliendo la realidad.

Aún creo.

         Aún sueño.

                   Aún se puede.

                          Aún así espero.

                                     Aún me pregunto…

                                   Aún así y menos

                   mientras se acaba el tiempo

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PLAZA CONSTITUCIÓN, NOVIEMBRE 2015

 

Lo observé de cerca. Le ofrecí  mi pan, la ternura total multiplicada servida en un plato repleto de amor y cariño (allí también me vi como el que fui una vez). Aceptó, trémulo de cualquier daño redundando sus costados. Comió lentamente, como el gorrión que es, y se retiró con un “gracias, amigo”, hacia una esquina de la vida donde se siente libre, desde siempre, de tanta maldad dispersa bajo los atuendosos techos de la indiferencia. El sol quema el pavimento porteño entremezclado con la humedad gris, no la humedad del día de hoy, sino la humedad lagrimal brotada en la luz de tanta noche acariciando a los duendes de la calle. No supe jamás su nombre, aunque la desdicha lo llama “el olvidado” y yo lo llamo “humanidad presente, futuro a la deriva del tiempo lejano de toda preocupación”.

4 comentarios sobre ““Aqui sobrevivimos a revolución y poesía”

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